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Un hombre que

Sí, eso mismo. Un hombre. Pero no uno cualquiera, ni siquiera uno de película. Uno que no sea de cartón, ni que tenga el corazón de hojalata. Un hombre que  me lleve siempre en bandeja pero que nunca tenga en mente hacerlo.

Un hombre que cuando me mire, hasta mis pulseras se pongan rojas. Uno que cante fatal pero que me dedique canciones absurdas. Sin vergüenza, canalla, loco.

Que haga de mi despiste su rincón favorito para dormir, y que me arranque de una sentada cada noche los sinsabores de la vida.

Que no mire hacia donde yo lo hago porque está preocupado en intentar descubrir un lugar mejor al que llevarme. Y que su objetivo no sea otro que el de ¡vivir, vivir, vivir! (ya lo decía Sabines)

Quiero un hombre que vea cada día a diez mil mujeres más guapas que yo, pero que sepa que nadie tiene lo que yo tengo.

Un hombre que en los días en los que tenga mala cara me diga fea pero que luego me guiñe un ojo.

Que me deje dibujar corazones en el cristal sucio de su coche pero que luego me eche la culpa por no limpiarlos. Descubrir a los días que hay una silueta dibujada sobre el cristal del mio, y que sea una copia del que yo le hice.

Un hombre que pueda llamarme diez veces al día, porque siempre tiene algo interesante que contarme. Que juegue al escondite con mis malas caras y crea que la mejor manera de solucionar un enfado sea trayéndome helado de chocolate.

Un hombre que no me mienta, porque sabe que conmigo no tiene necesidad de hacerlo.

Que quiera vivir cinco vidas más para poder hacer todo lo que nos quedó pendiente en esta. Que quiera dormir sólo de vez en cuando, pero que se arrepienta luego de no haberme invitado. Que lleve la cuenta de los mosquitos que me pican cada noche, y que nunca se le vayan las ganas de querer convertirse en uno de ellos.

Un hombre que me ofrezca fuego para conquistarme con sus piropos de papel y que las ganas de hacerme reír las lleve siempre tatuadas en su pierna derecha.

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