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¡Whatsámame! (y otros derivados de las redes sociales)

Es curiosa la forma en la que las relaciones van cogiendo una ligera tonalidad marrón. Así como tirando a mierda. No me vayas a decir ahora que no te habías dado cuenta de que algo está cambiando. Que las relaciones, así en su sentido más amplio, se han convertido en un ir y venir de despojos cibernéticos en el que el doble check, el Me gusta, el Yo te Follow tú me Follow  y el “escribiendo…” resultan ser la perfecta manera de empezar y terminar con el amor de tu vida, con el siguiente, y con el que vendrá después (por si te parece insuficiente sólo el primero).
No serás el primero -ni el último, ya te lo digo yo- que ha maldito esta nueva forma de comunicación. Que aunque en principio parecía que iba a resultar más bidireccional, más cómodo, más de túatú ha terminado convirtiéndose en el camino corto para que te vuelvas loco, pero de atar.

Algo está fallando. Hay algo que no debemos estar haciendo bien. Y es que hemos perdido la emoción de las llamadas a destiempo, las notas de papel arrugadas que se pillan por sorpresa en los bolsillos, el gusanillo de recibir un mensaje y el antídoto perfecto contra la monotonía: no saber #quéhacesdondeestásconquiényporquenomehaswhastapeadoalvolveracasa.

Ahora queremos que nos quieran tan distinto, y tan distante. Y digo queremos, porque ahí seguimos pidiendo a gritos amor por whatsapp, como si la ‘última conexión’ fuera determinante para valorar en qué medida nos están queriendo y como cuánto estamos dispuestos a esperar. Nos conformamos con simbolitos verdes, rojos y azules como fórmula universal de medición del querer: ¡Es que no es como antes! ¡es que ya no me escribe! ¡es que ni siquiera contesta! ¡es que no me dedica canciones! ¡es que, es que, es que! Siempre hay un ‘esque’ dispuesto a recordarte que ámame  a través de las redes sociales es la única manera para tenerme feliz.

Por si fuera poco todo esto, cada día más se nos olvida añadirle al pastel el azúcar necesario para que ‘lo nuestro’ funcione. Que el ser humano, en general, ya no se encuentra por ningún sitio las ganas de dar sin recibir, que somos tan selectivos que nos quedaremos solos, que estamos tan pendientes de buscar la perfección del otro que ni siquiera somos capaces de aguantarnos a nosotros mismos. Que la soledad se está vendiendo demasiado barata en este país en crisis y que los detalles de algodón han dejado de encontrarse en las vidrieras de aquella vieja tienda de París.

Pero sí, sigamos así. Vendámonos un poco de amor eterno, whatsamémonos hoy y ya veremos qué pasa mañana. Dime Hola, dime Adiós, quiéreme un poquito más y mejor, pero sólo por aquí, que los medios virtuales están en auge y a mi cada vez más se me van las ganas de buscarte por cualquier otro rincón.  No vaya a ser que yo me vaya o tú te vayas. No vaya a ser que al final, por no encontrar una forma mejor,  nos vayamos los dos.

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7 thoughts on “¡Whatsámame! (y otros derivados de las redes sociales)

  1. Francina dice:

    Has entretenido mi sábado a la noche con tus relatos más que una salida al boliche !
    Increíble tu manera de transmitir en cada oración. Con cada palabra. Cada detalle !!
    Ahora quiero más !! Jaja!

    • Un placer que estés por aquí. Será un placer para mi también leerte, más que nada porque entre tus letras huele a talento medido en palabras. Así que… ¡nos leemos!
      Y bienvenido a Mi Serendipia y tú, coge asiento que yo pongo el café.

  2. Edgar dice:

    La fórmula universal de medición del querer ha sido la “piedra filosofal” de los enamorados desde hace mucho tiempo….Yo te quiero, yo más, No, No , Yo más!! Y así hasta el infinito y más allá que decía el que se creía más que sus iguales.

    Interesante reflexión. En una sociedad gobernada por las prisas que vio su nacimiento con el primer McAuto (la comida rápida pasó a ser express…) y que se desarrolla con las relaciones esporádicas y fugaces….las redes sociales han acortado la distancia que separaba a dos géneros que disfrutaban (a veces el dolor por no ser correspondido también es bonito) intentando conquistarse.

    Espero ansioso la siguiente entrada 😉

    PD. El detalle de tener que dar el e-mail para poder publicar hace que se pierda el “romanticismo” del mensaje anónimo….

    • Edgar, tendré que vigilar esto último que comentas. Me interesa conservar el romanticismo, siempre. ¿No tienes blog? Por cómo escribes creo que me interesaría poder leerte.
      ¡Espero noticias! (cibernéticas, una pena)
      Serendipia.

      • Edgar dice:

        Serendipia, lamentablemente mi escasez de tiempo me impide escribir mis reflexiones como lo haces tu ( cosa que me genera una envidia considerablemente sana ).

        El sumun del romanticismo creo que vio la luz en el 74 con una canción en la que el marido se hacia pasar por un admirador anónimo de su mujer….de ahí que tener que escribir el e-mail sea dar pistas muy esclarecedoras.

        Repasando la entrada me quedo con esta frase tuya: “Que el ser humano, en general, ya no se encuentra por ningún sitio….”. Verdad verdadera que decían los de los móviles.

        Un saludo

        Edgar

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