Pedacitos, Serendipia

Sobre las almas gemelas

Yo siempre creí que encontraría al amor de mi vida en mi etapa universitaria. Empecé la universidad convencida. De esto que sabes que está al caer, que lo que has conocido hasta ese momento es poco y que lo que te viene es grande, muy grande. Pero grande, tanto que ni te cabe en una sola vida.

Me extraña no recordar el día que nos vimos por primera vez. Y si te soy sincera, no recordar tampoco el segundo. No es que esto sea excesivamente relevante, porque las mejores relaciones surgen a pie de calle, provocadas de la nada, bajo un halo cortés que pasa desapercibido sobre una indiferencia inquietante y absoluta. Aún así, sé que tenía una sonrisa perfecta, con su carpeta y su mochila a cuestas desde el pupitre de delante. Vagaba por las pasillos, intentando hacerse hueco entre el gentío de egoísmo que a veces se instala entre la multitud de las grandes corporaciones.

Siempre estaba hablando. Se quejaba de vez en cuando, y sonreía. Era vida, arte, una partitura con vistas a la mejor canción. Un trozo de chocolate con chile,  pasión,  la mejor película nominada a Los Goya,  el mejor Retweet. Era un escenario decorado con presentes y actores de futuro, una Harley,  helado de avellana y el mejor guión.
Recuerdo el día que nos dimos nuestros contactos para hablar por mail.  No había tanto Facebook por aquella época, y el temido Whatsapp era todavía una startup sin conocimiento de causa, por lo que eso nos ayudó a intimar a través de otras redes sociales e incentivar de alguna forma todo lo que estaba por llegar.

Hablaba, hablaba y hablaba, siempre utilizaba palabras inteligentes y tenía respuestas para todas y cada una de mis locuras con forma virtual. Cada uno de mis proyectos tenían nombre y eran posible gracias a que sabía en la manera perfecta y con la dosis adecuada, hacerme creer que nunca jamás habría nada imposible para mi. Se nos solían hacer las 3 de la mañana, el tiempo pasaba rápido en nuestras conversaciones. Al día siguiente nos veíamos de nuevo por los pasillos y nuestra relación quedaba marcada por el día anterior. Todavía me río cuando me recuerda sutilmente la forma en la que era capaz de hacer como si nada hubiera pasado cuando nuestras caras se encontraban frente a frente. Sigo luchando por hacerle entender que no era algo premeditado, es sólo que la cercanía de lo nuestro tenía lugar a partir de las 12 y que yo tenía mucho de Cenicienta -por eso de los horarios-.

No lo sé. La verdad es que no sé cómo empezó todo. Y tampoco me interesa saberlo. De repente un día me levanté enamorada, pero hasta las trancas. Porque si algo tengo es que soy capaz de enamorarme con fuerza de todas y cada una de las personas que saben hacerme el bien. Me enamoro, me desenamoro y me vuelvo a enamorar. A veces me duran 5 minutos -puede ser de una mariposa que pasa, de un Mustang del 69, de una canción de los 80 o de un poema de Benedetti-, otras veces voy un poco más allá, y me enamoro para toda la vida.

Ocurrirá que algunas veces tu alma gemela tiene forma de sexo opuesto y de beso en los labios. Otras, si tienes la misma suerte que yo, tu alma gemela tendrá forma de mejor amiga. Y es en ese momento cuando todo, absolutamente todo se convierte en suficiente.

 

Por ser sin saberlo
y siempre,
mi mejor opción. 

 

Feliz día de tu graduación,  Natalia.  

 

 

 

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