Serendipia

El día que noviembre decidió ser septiembre

En Valencia érase una vez un mes que se llamaba noviembre y que nunca quiso ser noviembre. El jugaba con los otros meses, con septiembre por ejemplo, y le preguntaba: — ¿por qué yo no puedo ser como tú? Septiembre, que era un mes enrollao y juguetón siempre le decía: — crack, tú sé lo que te de la gana de ser.

Y noviembre se iba contento pensando en lo guay que sería ser noviembre pero jugando a ser septiembre. Así que un día reflexionó sobre eso y pensó: ¿por qué tengo que ser noviembre si en realidad quiero ser septiembre?

Y así es como noviembre nunca fue noviembre en el mes de noviembre, sino que se convirtió en septiembre. Con sus soles y sus tardes a 30 grados. Con sus terrazas al sol en manga corta, con sus cervezas y con sus “joer qué calor para ser noviembre”.

Y fue feliz mareando la perdiz.

Moraleja: si somos noviembre pero nos sentimos septiembre, ¿por qué vamos a tener que ser siempre lo que nos toca ser y no lo que realmente nos gustaría ser?

Pensad en ello.

 

 

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