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Diego.

Diego decía que las camas se maldicen por el número de veces que lloras en ellas. Así es como van acumulando lágrimas, historias y personas que duelen. Te apoyas sobre la almohada, y lloras. Y el agua de las lágrimas, que generalmente quedan tatuadas en la sábana, traspasan las fibras hasta llegar al colchón y van sumando las penas hasta que el olor a triste en la habitación se hace insoportable.

Claro que Diego siempre tenía muchas historias que contar. Algunas las leía y otras se las inventaba. Lo que sí era cierto es que la forma en la que miraba las habitaciones siempre adquiría una visión particular, sobre todo cuando hablaba de las partículas de polvo impregnadas en historias que formaban los metros cuadrados de los lugares donde dormía la gente. Yo a veces no entendía absolutamente nada, pero me gustaba escucharle.

Una vez, tumbados en el sofá de aquel viejo país de lavapiés, le pregunté qué podía hacer para no llorar más. —Dale la vuelta al colchón, me dijo. Y luego sacó la guitarra para cantar un trocito de una canción de Soda Stereo que ya no recuerdo.

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7 thoughts on “Diego.

  1. Muy cierto, entre pensamientos, recuerdos, nostalgias, se acumulan las historias… Gracias por compartir, espero estés bien, creo tenías ratos no escribías, que no sea por mal de amores, que se por buena venturas.

Susurra...

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